sábado, 30 de abril de 2011

Olaf

Prometo que es pura coincidencia, pero es el segundo año consecutivo que paso el día de la madre en un país escandinavo. El año pasado tenía novia y el motivo por el que viajé a Estocolmo no fue otro que el turismo y la fiesta con la que los suecos celebran el comienzo de la primavera en UppsLa. Esta vez vuelo a Copenague para hacer una visita a mi hermana pequeña, que está estudiando en Horsens. Estoy en Barajas, soltero y sin compromiso, con dos botellas de whisky de oferta en la mano y una sonrisa de oreja a oreja. Mi vuelo lleva media horita de retraso pero no me importa en absoluto. Me siento fresco, huelo a colonia y en los asientos de espera para embarcar empiezo a ver lo que ya me sorprendió gratamente el año pasAdo: Nórdicas. Sus rasgos son inconfundibles... Cabellos rubios, ojos claros, narices achatadas con frentes pronunciadas, generalmente pechos voluminosos y piernas atléticas. Suelen hablar tan bajo que apenas se les escucha, y la mayoría están disfrutando de comida saludable: una manzana, un sandwich vegetal o un bol de ensalada... Aprovechan la espera para leer, jugar a las cartas(no apuestan dinero) o escuchar música en su i-pad, i-pod, i-phone... A lo lejos veo un grupo de chavales que se acercan eufóricos. Tendrán mi edad más o menos, y también intuyo que llevan botellas en sus bolsas... Clink, clink, clink...Uno de ellos lleva una camiseta del Real Madrid, y otro una guitarra enfundada. Muy respetuosos, todo hay que decirlo, se integran entre los pasajeros colocándose justo enfrente de un par de chicas que están solas. Las miran, ellas entre sonrojadas y un poco quemadas por el sol de Torrevieja, les sonríen y se comentan algo al oído. Entonces uno de ellos saca la guitarra de la funda y empieza a puntear una canción que me resulta familiar... su amigo, el merengue, le acompaña con la letra y unas palmas cortadas. Reconozco el estribillo perfectamente y casi en voz alta canto: por el camiiiino yo me entretengo!!! La gente se quita sus auriculares, aparta la mirada de sus libros y alguno decide inmortalizar ese momento con su cámara de fotos... El vikingo, con el número 8 a la espalda y la melena recogida en una coleta, no tiene ni mucho menos un pelo de nórdico. Se siente cómodo, y aunque no canta muy bien, el público de hoy es muy agradecido... Para Olaf el vikingo no existe el miedo, sabe a la perfección que el camelo con la guitarra nunca falla, y aunque posiblemente no cambiaría su bocadillo de jamón con tomate por una ensalada de brocoli, estoy convencido de que terminarán llevándoselas al huerto. Suerte Chaval!!