martes, 26 de julio de 2011

Only locals

Es cierto que las personas adultas vamos adquiriendo responsabilidades que más tarde se convierten en deberes con el transcurso del tiempo. El empleo es una de esas cosas que comienza siendo una responsabilidad atada a unos horarios, un comportamiento y un cumplimiento de objetivos, y termina por convertirse en un deber, en la mayoría de los casos, de carácter obligatorio. Durante estos días mis deberes y responsabilidades han cambiado porque tenía una tarea pendiente desde hace un año. Y es que este fin de semana largo, he podido recuperar mi infancia y adolescencia en un lugar al que llevo 9 años destinado en los meses de verano con una persona muy especial para mí. El lugar es Somo, y la persona se llama Frodo.

Todavía no sé muy bien explicar el porqué, pero cuando llego a esa playa, lo único que me apetece es ponerme un bañador, una sudadera y abrir un "six-pack" de San Miguel mientras observo el romper de las olas dejando de fondo la bahía del Sardinero. Un lugar al que llegué por primera vez con 16 años  y desde entonces he vuelto todos los veranos. Una playa que huele a salitre y parafina.Un pueblo donde llueve 4 días a la semana y los bares cierran a las 23. Unas calles que encierran mil recuerdos... Y no es por ponerme blando, que lo estoy haciendo, pero bajar las ventanillas del coche en el puente de Pedreña y respirar la brisa del cantábrico a un escaso kilómetro de la entrada, es un ritual que mantengo con los años.

Y es que podría decir que durante estos días he sido la persona más feliz del mundo. Apagamos el móvil nada más llegar, montamos la tienda, nos pusimos un bañador y nos fuimos a dar el primer baño. Nuestra única responsabilidad era la de levantarnos a las 8, cuando todo el camping duerme, y atravesando el bosque de eucaliptos correr hacia la curva donde rompen las mejores olas de la playa.

Por la noche el plan apenas cambiaba. Surfing a última hora y hamburguesa especial en el Bugui. Un par de pintas en el porche del Australian, y a dormir fresquito en la tienda. No hay que pensar en nada, al día siguiente el plan se repite. Qué maravilla haber compartido tantos años allí con Frodo. Qué maravilla seguir metiendo los pies en esa playa, qué maravilla haber conocido hace 9 años ese lugar. Y sin ninguna duda, qué maravilla tener sólo una responsabilidad que a veces olvidamos... La de ser feliz!!!