martes, 9 de julio de 2013

The Endless summer

Recuérdame apuntar Indonesia en mi lista de viajes pendientes... Pero cómo, si no tienes un duro! Tú recuérdamelo, el dinero es lo de menos, me las apañaré!

Y así he terminado currando de coctelero en un xiringuito de playa, en frente de mi casa, y cumpliendo una de mis fantasías. Jornadas extensivas de curro en primera línea de playa. Sin ducharme a diario y oliendo a espuma de mar... Reconozco que en mi vida había currelado en el sector de la hostelería. No sabía ni llevar una bandeja sin usar las dos manos, ni servir una caña que no fuese de botellín, ni preparar un pelotazo que no fuese en vaso de plástico con 3 hielos y hasta arriba de Capitán Morgan. Ahora me ha tocado! Y no es por tirarme el pisto, pero lo hago de puta madre!! Reconozco un daikiri de fresa solo con observar la textura, y me aproximo a la perfección absoluta con la preparación de un mojito. La coctelera la manejo con soltura y estoy aprendiendo a cortar limas de dos en dos y sin prestar atención. Todo esto es lo que queda para la galería, lo que luce y decora un escenario idílico para que los guiris se pongan como piojos tirados en una tumbona mientras una banda de bachata les endulza la velada. Pero lo que hay detrás de todo esto es un curro de los de antaño. Montar barras, mesas, cajas de botellas, tumbonas y rastrillar la península de arena que nos pertenece es un trabajo de chinos. A las 7 de la tarde cada día del verano sin descanso semanal empieza la jornada de trabajo. Con un sol de justicia, no importa que te acabes de duchar o que te hayas bañado en desodorante, los montadores olemos mal de por sí. Apestamos a serrín, a licor de garrafa, y a balleta mojada... Me gusta hacer todo esto descalzo porque no sé andar con chancletas por la arena, así que termino cada día con un pedazito de vidrio en alguna parte de mi pie de orangután. Pero me mola, lo disfruto y además he conocido a peña muy cojonuda!

Es una pena que no tenga cerca a mis amigos, que los echo de menos muchísimo! Con ellos todo sería bastante más fácil, porque las mañanas se pasarían como en los veranos del cole. Tres meses duros que se pasan rápido cuando tienes un objetivo, cuando cada día miras el calendario y ves la fecha del comienzo de una nueva aventura. Cuando pillas el mapa y ves imágenes de Indo con olas perfectas y playas cristalinas. Cuando cada cóctel que sirves te acerca más a ese sueño que consigues con esfuerzo y sudor del bueno... Cuando cada mañana al levantarte, enciendes el ordenador y escuchas una y otra vez una canción como esta.