lunes, 16 de diciembre de 2013

Mi bolsa de valores

En mi casa he mamado las dos caras del uso y desuso de las cosas. Por un lado está mi padre, que cualquier día podría montar una tienda de ropa para hispters. Con sus abrigos, chaquetas y gadgets de los 70s. Y por otro está mi madre, con su carácter impulsivo de "dar todo a los pobres". Estoy convencido de que tiene acciones en la Parroquia de Crespo Agüero. Yo me he quedado con un popurrí de los dos bandos. Guardo miserias como si tuviera síndrome de diógenes, y cuando un día se me hinchan las pelotas de no poder encontrar lo que busco, cargo 34 bolsas de basura rumbo a la Parroquia. Estoy muy contento de ser así, a pesar de que cuando era pequeño siempre tuve dudas del paradero de mis camisetas de la NBA, mis chandals raquíticos de gimnasia del cole, o mis anoraks de temporada de Zara y C&A. Pues bien, pasados ya unos años, puedo dar fé de que las donaciones de la familia iban a parar a buen puerto. Antes, cuando vivía en Zaragoza, iba algún jueves con mi abuelo al refugio para servir comida a los mendigos que dormían allí. Recuerdo perfectamente aquel jueves en el que estaba limpiando una mesa ya cuando tocaba recoger, y un chaval de unos 30 y pico años aprovechó un despiste para meterse unas cuantas palmeritas que habían sobrado en el bolsillo. Yo me dí cuenta. Y él se dio cuenta de que yo me había dado cuenta. Esbocé una sonrisa, y él me guiñó un ojo mientras hacía el gesto de shhhhhhh… Después me fijé bien, y efectivamente, llevaba mi sudadera de los Lakers!! Entonces mi sonrisa se convirtió en gesto de aprobación con un ok!!  y las palmeritas de las monjas desaparecieron en un plis, sin pestañear.

Todo esto viene porque se acercan días muy jodidos. Y allí en la calle, a lo lejos, entre Linkedin e Instagram, alguno que otro se las ve putas para llevarse un trozo de pan a la boca. Así que aprovechemos el efecto de los anuncios y las películas que por estas fechas nos hablan de bondad y humanidad, y entre mazapán y polvorón enterremos el hijoputismo que nos acompaña los otros 11 meses del año. Hagamos algo útil que no lleve una @ o un # delante, y llenemos bolsas de calor y cercanía. Sintámonos humanos y no cyborgs, aunque sea una quincena al año. Feliz Navidad!!