viernes, 7 de noviembre de 2014

Aquí, en la orilla

Con el tiempo te das cuenta de que las cosas hechas con cariño y despacio tienen mucho más valor. Que a veces no tiene ningún sentido correr si no sabes donde está la meta. De hecho llega antes aquel que va andando y disfrutando de cada paso, sabiendo siempre dónde quiere llegar aunque apenas conozca el camino. Muchos corren. Ahora la gran mayoría. Otros, que son pocos, han decidido ir a pie. Y ése es el caso de Gary, un australiano que conocí el otro día en la playa de la Barceloneta, poniendo parafina a su tablón del 77. Era de su abuelo, tócate los huevos…

Gary trabaja a ratos, conforme le van saliendo cosillas. Dice que a diferencia de la mayoría con los que se cruza a diario, él ha decidido vivir, y no sobrevivir. El tío está contento, y me flipa ver cómo se toma su tiempo extendiendo la parafina, como si tuviera todo el día. Mientras, son las 9:30 de la mañana y el pico de Tyson se empieza a llenar como de costumbre cuando hay un metro pasado. Yo aún ando fastidiado de la rodilla así que no me queda otra que ver el baño desde la orilla y hablar un rato con Gary. Lo primero lo hago bastante jodido, lo segundo encantado. Habla un correctísimo español, y sólo lleva 2 años viviendo en Barcelona. También chapurrea algo de catalán y francés. Ha vivido en Biarritz, donde aterrizó hace 5 años, y montó "una garita para shapear tablas". Cobraba poco para lo bien que lo hacía. Y eso que no era de los de chapa y pintura… Más tarde vino a Barcelona porque fue el lugar donde se conocieron sus padres, y él dice que está seguro de que también le "dieron vida" aquí. El tío vive tranquilo, allí mismo, en el barrio de la Barceloneta. Hace lo que le gusta; viaja, vive y surfea… Luchó contra el cáncer y salió! Y desde entonces simplemente VIVE. Y es que efectivamente y con el permiso de Paul Roberts, "Todos los hombres mueren. Solo unos pocos viven"

Nos vemos pronto Gary!

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