jueves, 28 de enero de 2016

Regreso al presente

Tras unas navidades de amigos, familia y compromisos llega la hora de ponerse las pilas de nuevo. Resetear los excesos, volver a pensar en proyectos y conectar con objetivos. No soy muy de hacer propósitos en enero porque ya me parece tarde. Soy así, impaciente por naturaleza. Me flipa, mas que escribir propósitos, marcarme objetivos. Y suelo hacerlo en septiembre, a la vuelta de vacaciones. Así que enero me pilla ya bastante rodadito.

Este año lo tuve muy claro. Organización. Desde siempre, podría decir que desde pequeñito, uno de mis grandes retos es la organización y gestión del tiempo. Soy un tío repleto de hobbies e inquietudes, casi siempre relacionados con el deporte, y además en espacios abiertos. Jodido cuando vives en una ciudad, pero no imposible. A su vez los colegas, pilar fundamental para engrasar la máquina. Birrismo, risas y alguna noche complicada. Tengo la suerte de tener un núcleo duro de amigos de la infancia que siempre, siempre están ahí. Los necesites o no, siempre ahí. Y enchufarse unas cañas en el tubo un día a la semana es sinónimo de cargar pilas. Gloria bendita!!

Otro de mis pilares básicos y por el que vivo es Carla. Y además, vive en otra ciudad. Esto implica organizar a primeros de mes un cuadro de mando lleno de escapadas de fin de semana, puentes e incluso escapadas en el día a Barcelona para verla. Mi agenda de notas es un jodido cristo de tachones, planes y jeroglíficos.

Mi familia, con la que de momento vivo, es una gozada. Todo sencillo. Podría decir que gracias a mis padres ahora mismo vivo mejor que la Monarquía. Mi madre es posiblemente una de las mejores cocineras de este país aunque no tenga ninguna estrella michelín. Y mi padre un consejero de la vida que siempre me devuelve ese punto de racionalidad a mis impulsos. Echo de menos a mi hermana, pero también aprovecho para visitarla cuando paso por Barcelona.

Después, como valor añadido, hay que meter en ese cuadro de mando el curro. Pero de momento ese timming no es negociable. Son un mínimo de 8 horas al día. Lo que sí es negociable aunque todavía no lo consigo es el madrugón para irme a correr temprano, antes de ir a trabajar. Estoy en ello. El trabajo representa una manera de aprender, mejorar y ganarme la vida. Una vida que disfruto a tope fuera de las oficinas.

Toda esta organización y gestión del tiempo me ha servido para darme cuenta de que tengo unos poquitos segundos libres antes de irme a la cama para pensar. Recapacitar y asumir que esto es efímero, que no dura para siempre. Y que como dijo Ortega y Gasset "lo que define a una persona son sus intenciones".

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