lunes, 21 de septiembre de 2026

El de la vuelta del verano

 Escribo este post ya en septiembre pero con el aire acondicionado más alto que a principios de julio. El verano se acaba pero hay que decir una cosa: vaya veranito. Desde el año de selectividad no disfrutaba de 2 meses en estado completo de bienestar. O lo que es lo mismo, sin aspirar a hacer nada más que de disfrutar y relajarme.


Una viaje a Casafort con amigos fue más que suficiente para pasar el control de calidad del verano 2026. No hizo falta mucho, sólo unas brasas, una mesa corrida y una piscina abierta hasta el anochecer. El vino, las cervezas y los digestivos, fueron como siempre las patas de nuestras largas sobremesas donde no hay nada que solucionar, porque sólo juntándonos el mundo ya queda solucionado.


A principios de julio nos escapamos a Biescas para ver a Jose González en Pirineos Sur. El objetivo no era tanto la música como ponerse una sudadera en plena ola de calor y tomarse unas cuantas cañas con los Chichos mirando el panorama del Valle de Tena y planificando el viaje a Brasil para la boda de Goyo y Nanda. 


Unas semanas más tarde ganamos el Mundial. Ni los argentinos pudieron robarnos la ilusión. Vibramos y gritamos durante 100 minutos en la casa nueva de los Zabas, hasta que con Ferran Torres se desató la locura. No recuerdo nada de ese instante -por suerte está grabado en vídeo- pero hubo lágrimas, abrazos y champán. El primer mundial lloré con Iniesta, el segundo con Ferran. Quizás valga la pena ser culé, tendré que pensarlo.


Para pasar la resaca futbolera y exprimir al máximo el mes de julio  sin morir de un golpe de calor, organizamos unas cuantas barbacoas con piscina en formatos y menús muy variados. Por aquí pasaron Cucho, Maeba, Marta, Laura, Pere, Blanca, Zaba, Frodo, Dani, Natalia, Diego y Mónica, Pedro y Carmela, Toni… un mes en el que el único atuendo indispensable fue el bañador y la toalla. Lo demás estaba en la nevera. 


El 29 de julio celebramos nuestro cuarto aniversario en el Parador de Aiguablava. Fue la primera vez que nos íbamos solos una noche desde que nació Camila. Esa mañana como cada aniversario, sonó en mi playlist Holy Mountain de Noel Gallagher, -la canción con la que entramos saltando al banquete- y empezaron a pasar por mi cabeza todos los fotogramas de aquel momento. Mi familia, mis amigos y mi mujer. Cada año le vuelvo a contar a Carla la misma historia pero brindamos por motivos distintos. Este año tocaba con un alvariño y una paella en el Toc al mar para después echarnos una siesta de las que le haces daño a la cama.


Con mis suegros estuvimos un año más en Altafulla en la semana del eclipse y recordando como cada verano que miro a ese castillo, que inevitablemente el tiempo pasa demasiado rápido. 


Pero el plato estrella del verano llegaba el 1 de agosto a bordo de un crucero por el mediterráneo que salía de Venecia y pasaba por Bari, Corfu, Zakintos, Cefalonia, Dubrovnik y Split. Mi madre cumplirá 70 años en mayo y decidió que para las celebraciones no hay tiempo de descuento, así que nos invitó a todos a vivir una semana en el costa deliziosa, un barco con 3000 pasajeros y 900 tripulantes que en el desayuno en su hora punta parecía el Corte Inglés en rebajas. Es cierto que para los que hemos visto The White Lotus, este tipo de vacaciones son vitamina para el cerebro. Nos integramos al 100% en la vida a bordo tanto de día como de noche. Nos quedamos fritos en el spa con un masaje de 90 minutos , ganamos 100 euros en el casino y lo perdimos en 20 minutos a la ruleta. Nos vestimos de blanco en la noche de blanco, mi padre se unió a una conga mientras sonaba la Tarantela, probamos casi todos los cocteles de la carta pero adoptamos el Spritz Aperol como bebida de confianza para recuperarnos del calor. Hicimos turismo de sombra en cada una de las ciudades. Comimos pasta en todas sus versiones, formas y colores. Subimos a una góndola para comprobar que Venecia sigue siendo única a pesar del calor y los turistas. Pagamos 40 euros por dos botellines de agua y 10 minutos de aire acondicionado en un café de la plaza san Marcos. Hemos disfrutado y nos hemos reido mucho de nosotros mismos -fundamental para la vida que viene- 

Nos hemos ido corriendo de una visita guiada en Split buscando un refugio climático que sirvieran cerveza fresca y hemos aprendido que el regateo y la negociación siguen estando en el ADN mediterráneo a pesar de google maps y amazon. 

Hoy, 16 de septiembre, miro el final del verano con la misma sensación que cuando era un niño. La lucha para que el moreno no desaparezca, los días no acorten y las historias no se acaben. Porque como escribió David Gistau y con toda la razón; a la vida hemos venido a veranear.

viernes, 17 de julio de 2026

Visitas de verano

 Si aterrizase un alienígena en la tierra y me preguntase qué narices es el verano y por qué demonios nos gusta tanto, le sentaría en una hamaca en la orilla de la playa un día de finales de junio, con los pies a remojo -lo justo, solo cuando rompe la ola- le pondría una tajada de sandía fresca entre las manos y esperaría a que el juguillo se le empiece a escurrir por el brazo hasta los codos. En ese mismo instante lo miraría y ofreciéndole una caña fría  le diría: ves, esto es el verano. 

Después, si tuviera tiempo, podría explicarle con más detalle que el verano es un estado de ánimo. Es la mejor versión de nosotros mismos, el wonder hit de los meses del año, pero antes le contaría que mi verano huele a sofrito y a crema Nivea todo el tiempo. Sabe a cerveza con gaseosa en porrón, a magnum frac y calipo de fresa -sí, yo era de los de fresa-, a churros en las ferias y patatas fritas en la orilla. A gazpacho de mi abuela con su guarnición que a veces era del tamaño de una ensalada, al melón con dos tiritas de jamón y a cerezas heladas en el centro de la mesa. 

Después de esta pequeña intro me lo llevaría de fiesta y le explicaría que en España no se puede volver a casa de noche y mucho menos con el estómago vacío. Le invitaría a probar una ensaimada recién hecha y un cortado con hielo, nada de americano ni capuccino. Le enseñaría a jugar al mus para las sobremesas y al scrable para las noches calurosas. Aunque no lo acabaría, le regalaría un pack básico de verano con  un par de puzzles de 5000 piezas, una novela de 700 páginas de Ken Follet y un cuaderno con más de 100 crucigramas y sudokus. Le diría que se aprenda todos los hits del verano para que cuando vaya a los bares suenen los del verano anterior. Le pondría un sofá, un ventilador y el Tour de Francia de fondo para que duerma la mejor siesta de su vida. Le explicaría que en España cuando tomas el sol, los 20 primeros minutos se hacen sin crema, sin gafas y sin culpa. Y que lo que hoy es “quemado” mañana es moreno. Le comentaría que en general no hay horario de comidas, que vas picando cosas todo el rato hasta que son las 12 de la noche, que es cuando decides si sales o no. Y por último le diría que en San Fermín lo peligroso no son los toros, que el camino de Santiago no va de fé, va de gastronomía y que en las fiestas de los pueblos, por mucho que los busques, ya no queda nadie del pueblo. 


Feliz verano 




lunes, 18 de mayo de 2026

El verano y la casera

En mi mente ya es verano y por eso este domingo cuando volvíamos de Quironsalud por la nacional II, paré en un super 24h para comprar una botella de La Casera, una bolsa de hielos y un limón tamaño XL. 

El jueves es el último día de clase oficial y aunque el mes de junio está repleto de recuperaciones, juntas de evaluación y preparativos para el curso que viene, el día a día a partir de la semana que viene pinta bastante summer vibe

A parte de hacer hueco en la librería para las novelas de verano, las tareas de la nueva casa me tienen más que ocupado. Con un poco de ayuda de amigos y chatGPT nos lanzamos a montar un jardín con buganvillas, ficus, jazmines andaluces y agapantus -no tenía ni idea de lo que era hasta que lo plantaron-. Lo que en un principio fue un “voy a poner algo verde para tapar el muro de cemento” se ha ido convirtiendo en un tapiz de florecillas que hay que cuidar a diario. Además, desde que tuvimos la visita de nuestros valencianos de confianza Laura y Carlos, he adquirido la rutina de bajar cada día al mar a darme un chombito después de dejar a Camila en la guarde. La idea es adoptar la filosofía Marcos Llorente y empezar a trabajar ese “callo solar” de 45 minutos diarios sin protección para evitar llegar al mes de agosto como un gusiluz. 

Otro upgrade que llegó después de la primera junta de vecinos fue la tan esperada barbacoa. El regalo de los 40 de mis padres y mi hermana que ha logrado que sólo quiera que llegue el fin de semana para sentirme Toni Soprano cocinando salchichas y hamburguesas a la parrilla con una Budweisser en una mano y un Cohiba en la otra. Durante estos 3 meses nos hemos ido adaptando sin esfuerzo a la vida pausada de un pequeño municipio de costa que vive mirando al mar, y eso se nota. Partidos de fútbol en la arena, voley-playa improvisado, surfing de tablón, escuela de vela y chiringuitos con tardeo.

Me he acostumbrado a ir andando a todos los sitios que puedo, a comprar en el mercado sin prisas y a pagar un precio razonable por un café que no sea de especialidad y una tostada que no sea de aguacate. Me he desprendido de muchos toppings que en el centro de la ciudad vienen de serie. He vuelto a improvisar, a moverme por instinto y a escuchar ese ritmo interno que siempre he tenido y que en los últimos años había estado algo apagado. Estoy disfrutando de cosas muy sencillas como cocinar con vino, caminar descalzo por la playa o tomarme una cerveza al sol con unas bravas. He cambiado 3 veces de colonia, de mayor a menor intensidad -reflejo clarísimo de mis inquietudes- llegando a la mínima que es el agua de colonia de Camila. También he abandonado las noticias en cualquiera de sus formatos salvo uno, el de mi padre, que es la persona que más horas dedica a estar sobreinformado. He vuelto a ver a grandes amigos que han venido a visitarnos y he organizado la gran velada el 12 de junio en Casafort, esta vez en categoría single masculino. 18 amigos con 3 largos días por delante para emborracharnos de felicidad, seguir construyendo recuerdos y confirmar que efectivamente, como dijo el gran David Gistau; a la vida hemos venido a veranear.

Feliz lunes.

miércoles, 18 de marzo de 2026

El legado de la abuela

 El pasado 7 de marzo despedimos a mi abuela en la parroquia de Santa Engracia, una iglesia a la que sólo he acudido en los últimos años para decir adiós, aunque de formas muy diferentes.

Desde 2023 convivo con una especie de paranoia que me persigue cada vez que me despido de alguien; ¿será la última vez? y si es así, ¿le doy un abrazo más largo, un beso más cariñoso o un te quiero más sincero? Durante más de 3 años he ido combinando "últimas veces" de muchas cosas con "primeras veces" de prácticamente todo lo que hace mi hija todo el rato. Una dualidad que es ley de vida, naturaleza, fugacidad. Lo que nace y crece frente a lo que se va y desaparece dejando lo más valioso que existe: los recuerdos.

Con la muerte de mi abuela se quedan cientos de recuerdos imposibles de olvidar. Historias que han sellado las costuras de lo que hoy es mi familia. Una familia capaz de ver la belleza en las heridas y entender que por mucho que duela, la muerte forma parte de la vida. 


7 de Marzo de 2026

Querida abuela,

Hoy nos hemos juntado toda la gente que te quiere para darte el último adiós. Un adiós acompañado de un gracias, que sin duda es la mejor forma de despedirte.

Gracias por haber formado junto al abuelo la familia que somos hoy. Una familia que crece más unida que nunca como un árbol que extiende sus ramas pero se mantiene firme en sus raíces. Sólidas, consistentes y capaces de sujetarnos a todos cuando ahí afuera todo se tambalea. 

Gracias por ser casa. Por enseñarnos a compartir tiempo juntos bajo un mismo techo. Un techo que bien podía estar en vuestra casa de Leon XIII, en Biescas o en cualquiera de los rincones que recorrimos juntos en aquellos veranos de nuestra niñez. 

Gracias por ser abuela. Un título que como siempre decíais, es el mejor regalo que os han podido hacer. 7 nietas y un nieto que te admiran y te quieren con todo su corazón. Algunos estamos aquí presentes, otros desde la distancia, pero todos recordándote y pensando que desde ahí arriba junto con el abuelo, Inés, Tomás y Quique, estaréis cuidándonos para que las raíces de este árbol que un día plantasteis sigan siendo más fuertes que nunca.

Gracias por todo abuela. Siempre  te recordaremos.

martes, 3 de febrero de 2026

Mallorca 211


Escribo este post para cuando vengan a buscarme los recuerdos de mis últimos 5 años en el piso de Calle Mallorca con Enrique Granados. Un lugar en el que caímos por casualidad y que hicimos nuestro desde el primer día. Entre estas paredes he vivido lo mejor y lo peor de mi vida. Días de mucha luz y noches de mucha oscuridad. Casi 60 meses difíciles de resumir en unas líneas pero con momentos épicos que siempre quedarán en mi memoria.

Los primeros destellos de libertad después de la pandemia, cuando se terminó el toque de queda, se abrió el confinamiento perimetral y nos quitamos las mascarillas para confirmar que efectivamente, de cerca nadie es normal.

Los martes comiendo de tupper con Cucho para convencernos de que a pesar de vivir lejos de nuestra ciudad, estábamos en el lado correcto de la vida.

El año que convertí mi empresa en un estudio global con clientes fuera de España y de Europa, las noches en vela preparando briefings y las reuniones a horas raras por culpa del huso horario. La sensación de ir a toda velocidad y no importarte dónde está el freno de mano.

 Las visitas de grandes amigos, pero especialmente las de Goyo y Monri, que empezaban los jueves con cervezas y terminaban los domingos con gintonic. Imposible olvidar la de mi despedida de soltero, cuando me metieron en un coche rumbo a ninguna parte y me devolvieron en un tren hecho un muñeco de trapo. 

 El día en el que decidí que quería ser profesor sin haber dado una clase en mi vida y el día de mi primera entrevista en el Clot casi un año después. Comenzar impartiendo FOL 6 horas a la semana, seguir como profesor de marketing y publicidad a jornada completa y aceptar la propuesta como jefe de departamento 3 años después a pesar de seguir considerándome un impostor.

 El año 2023. De principio a fin. El accidente, los funerales, los viajes eternos a Zaragoza, las cajas de orfidal en la mesilla de noche y el pánico repentino a meterme en espacios cerrados. El año en el que el miedo empezó a formar parte de nuestras vidas y cómo poco a poco me hice fuerte en el dolor.

La tarde de octubre que fui a comprar el anillo de compromiso para Carla, la carta que le escribí desde mi despacho a la vuelta de un viaje con amigos y cómo volví a casa corriendo por Paseo de Gracia como si acabase de atracar Tiffany's.

El día que supimos que Carla estaba embarazada, los nueve meses de ilusión compartida y la madrugada de aquel 15 de diciembre cuando cerramos la puerta de casa sabiendo que volveríamos a abrirla siendo una más en la familia. 

Los primeros pasitos de Camila por el pasillo y cómo mi hija me ha hecho volver a vivir “las primeras veces” de todo.

Los meses con Laura y Parri como roommates cuando volvimos de Tanzania. Las visitas de mis amigos, mi familia y toda la gente que ha construido gran parte de nuestros recuerdos en esta casa. 

Un día leí que la juventud es conquistar lo nuevo, la madurez alargar lo bueno y la vejez recordar todo lo anterior. Hoy, con cuarenta años casi recién estrenados, abro la puerta de una nueva etapa de mi vida que llevo planificando más de dos años. Una casa frente al mar a escasos 20 minutos de Barcelona que terminaré de pagar cuando sea pensionista y me divierta contando historias alrededor de una mesa con familia, amigos y buen vino. Hasta entonces no tengo otro plan que dedicarme a alargar cada minuto concienzudamente para que cuando llegue el momento pueda ponerme delante del espejo y decir: este tipo se vivió la vida.  

Feliz miércoles a todos.

 

domingo, 14 de diciembre de 2025

A Camila

 Ahora que vas a cumplir un año y tu padre acaba de cumplir 40, aprovecho para dejarte por escrito algunos consejos de lo que he aprendido durante estos 39 años de vida que nos separan, por si tu yo del futuro decide pasarse algún día por aquí para leerlo:

Conoce mucha gente y haz nuevos amigos a lo largo del tiempo, pero conserva al menos un puñado muy buenos, serán como tus hermanos. Viaja todo lo que puedas, de todas las maneras, pero hazlo con respeto y sin prejuicios, no sirven absolutamente para nada. Rompe las reglas, no te conformes, cuestiónalo todo. Vive en la generosidad para tener abundancia. Y no me refiero a la económica sino a la vital. No seas mezquina, sé grande, entrega el amor que tienes sin echar cálculos porque sólo así al final saldrás ganando. 

Quiere con todo, sin miedo a que duela. Y si alguna vez duele, no te preocupes en exceso, te prometo que el tiempo lo cura casi todo. Ponte siempre en las botas del que tienes enfrente por muy distinto que te parezca. Eso te hará humana y sensible, que son dos grandes virtudes. Tómate en serio tu trabajo pero no te tomes a ti misma demasiado en serio. Baila con la vida sin miedo a tropezarte. Disfruta de cada etapa porque todas son únicas e irrepetibles. Consérvate joven de espíritu, inquieta de mente y bondadosa de corazón. Ríete sin miedo y mantente firme en tus convicciones. Sé leal, desinteresada y honesta con la gente que quieres. Eso te dará el mayor de los placeres, que es poder dormir tranquila. 

No sufras dando demasiadas explicaciones. Los que te conocen no las necesitan y los que no te conocen no las van a creer por mucho que te esfuerces. La vida es maravillosa y pasa demasiado rápido. Mira el pasado con cariño, el presente con determinación y el futuro con ilusión. Cuenta siempre la verdad, la mentira es un escudo para los cobardes. Confía en tus padres porque siempre van a querer lo mejor para ti, aunque a veces lo pongas en duda. No te olvides nunca de que tu padre es de Zaragoza, una tierra llena de gente honrada y hospitalaria donde la palabra es lo que más vale. 

Rodéate de buena gente, sana y con la mejor actitud ante los problemas. De esas a las que les dices "vamos al fin del mundo" y te contestan "espera que voy contigo". Recuerda siempre que el dinero no lo es todo, no dejes que nadie compre tu libertad. Acuérdate de que en tu familia es obligatorio celebrar, así que celebra todas las cosas buenas, por muy pequeñas y cotidianas que te parezcan.

Haz las cosas con el corazón y nunca te equivocarás. Sé feliz y haz feliz a la gente que te quiere. Abraza, mira a los ojos con sinceridad. Baila mucho y sé siempre dueña de tus actos. No prometas nada que no puedas cumplir. No tengas miedo al cambio, es algo constante. Aprende a observar y a adaptarte. Si un día todo tambalea, agárrate fuerte a tus raíces. Las que durante años habrán construido tu padre y tu madre a través de la familia, los amigos y los valores que siempre permanecen. Sé auténtica. Llena siempre tu mirada de curiosidad e ilusión, y no te olvides nunca de que tu padre estará siempre a tu lado para levantarte cuando te caigas. 

jueves, 6 de noviembre de 2025

Una vuelta tranquila

Casi sin darme cuenta estamos ya en noviembre, las luces de navidad adornan el Paseo de Gracia y en mi casa huele a vela de Gingerbread. Hacía más de 2 meses que no me pasaba por aquí y desde mi último post estoy comprobando que ya no queda nada de arena en los bolsillos ni ningún atisbo de moreno veraniego.

 Desde el mes de septiembre hasta ahora han pasado dos intensos virus, alguna sesión de fisioterapia para descontracturar y un puñado de novedades que nos ilusionan y estresan a partes iguales. La primera de todas llegó con la guardería de Camila, el periodo de adaptación y los nuevos horarios. Por suerte lo que al principio me convirtió en "padre a la fuga" sin mirar atrás cuando se quedaba llorando en la clase de los koalas, con el tiempo ha ido transformándose en Big Daddy con un aire más tranquilo y relajado, al menos hasta el mediodía, que llego al colegio a ocupar mi nuevo puesto de Jefe de Departamento. A este capítulo le podríamos apodar "Jefe por sorpresa", ya que nadie -ni siquiera yo- esperaba que me ofrecieran este cargo para el curso 25/26 con apenas 3 años en el centro. Todo sucedió en Julio -el último día de clases para ser más exactos- cuando prácticamente estaba despidiéndome de mis compañeros con la crema de sol y el bañador en la mochila y un ticket impreso para ver el concierto de Guitarrica de La Fuente con Carla. Una llamada al despacho de dirección en el minuto 90 siempre genera dudas. Saber que tenía que omitir la conversación hasta finales de verano lo que me generó fue un sarpullido. Ilusión, nervios y un poquito de ansiedad para afrontar el nuevo reto. Imposible decir que no. Sino, no sería yo.

Bien entrado Octubre y cuando parecía que se me iba el tembleque del ojo derecho, Carla encuentra un nuevo trabajo después de 10 años en su empresa, donde le toca asumir nuevas responsabilidades y adaptarse a una nueva rutina a 1 hora y pico de casa (atascos incluidos). Una vez más tocaba sacar calendario para cuadrar agendas de guardería, trabajo, recogida entre semana y dormir al menos 6 horas. Fantaseo con ver una película del tirón desde septiembre. Es imposible seguir despierto pasadas las 10.30 de la noche. Ni siquiera el Madrid en Champions lo ha logrado. A todo esto hay que añadir que si todo va bien y no nos desintegramos por el camino, a finales de año entraremos a vivir en nuestra nueva casa. Una planta baja con jardín y piscina en un distrito llamado California. Espero que mis vecinos nos den la bienvenida con un Carrot Cake y que cada mañana me lance el periódico un chico montado en bicicleta. Si los estatutos lo permiten y la comunidad de propietarios no se opone yo cumpliré con la parte que me toca. Compraré una barbacoa, pondré un proyector de cine en el porche y montaré unas sobremesas que nada tendrán que envidiar al Tiny desk de C.Tangana. 

Feliz Jueves.


lunes, 25 de agosto de 2025

El del verano

Y entonces llega septiembre. Un mes lleno de promesas donde la vuelta a la ciudad es sinónimo de reactivar el correo, retomar los proyectos que se quedaron anotados en la libreta, bajar al super a hacer la compra más aburrida del verano llenando la cesta de productos saludables y bajos en calorías, volver a apuntarse a la piscina con el objetivo, este año sí, de ir al menos 3 veces por semana, y algo que siempre me cuesta pero termino haciendo nada más volver: cortarme el pelo. Lo que funciona en la playa durante 3 semanas de pronto desencaja en la agenda del día a día urbanita. Ese look veraniego de bermuda corta, alpargata acartonada, barba y pelo desaliñado como si llevaras un año viviendo a bordo de un velero deja de ser coherente entre las calles y el ajetreo de la ciudad. Los últimos días de agosto en Barcelona se convierten en una especie de purgatorio de lo que ha sido un mes en el paraíso. Poco a poco van quedando atrás los paseos por la orilla, las siestas en la piscina y las comidas en un chiringuito a las 4 de la tarde para dar paso a los tuppers, los grupos de whatsapp de trabajo y las carreras por el asfalto esquivando a los patinetes y repartidores de glovo.

Este año las vacaciones han tenido la misma hoja de ruta que los dos anteriores pero a un ritmo totalmente distinto. Con Camila he descubierto que existen dos mañanas, dos tardes y dos noches, cada franja siempre divida por pequeñas siestas de hora y media y 120 ml de leche en polvo. Entre la siesta de la mañana y la de la tarde me ha dado tiempo a leer la mitad de Años Salvajes (William Finnegan), un libro que empecé con muchas ganas y ha terminado aburriéndome en la página 237. Esto lo he combinado con mi pequeño placer culpable -mis podcast de confianza- que disfrutaba mientras me abría una botella de vino tinto en Biescas, rosado en las Landas y blanco en Altafulla. 2025 ha sido nuestro primer verano en familia y aunque tengo un carrete lleno de recuerdos inolvidables que prometo revelar algún día de septiembre, ninguno representa mejor la idea de felicidad como la de mirar a la orilla desde el agua y ver a Carla persiguiendo a Camila mientras gateaba con marea baja.


En Biescas coincidimos con mi prima Carmela a modo revival y participamos con los niños en el concurso popular de disfraces, rememorando los tiempos en los que ganábamos cada verano gracias al ingenio de nuestras madres. Hicimos caminatas cortas -siempre hemos sido más excursionistas que montañeros- ,disfrutamos de la actuación de magia de mi padre en su performance como “El mago Xoan” y ganamos el premio al mejor postre en el concurso de tapas de la urbanización, con unas rocas de chocolate y chococrispis que apodamos genuinamente “Rocas del Valle”. 


Comimos y alargamos la sobremesa en el merendero de Lasarra con nuestros amigos valencianos Laura y Carlos, y disfrutamos de las noches frescas del verano pirenaico contando batallitas y jugándonos el aperitivo al Continental.


Durante la semana en Altafulla he combinado tardes en familia con mañanas de navegación en un curso de vela ligera que empecé con mi suegro y casi acabo en solitario por culpa de una racha de 20 nudos que nos hizo volcar y fracturó el dedo de Carla cuando sustituía a su padre. Disfrutamos de la vida pirata en la playa que nos vio darnos el sí quiero hace 3 años, brindamos mucho y muy seguido, arreglamos el mundo desde la orilla en una tarde con Laura y Marta y nos escapamos a Casafort en el día durante la vendimia de la temporada. 


Este fin de semana es la última bocanada de aire de un verano que se acaba pero que abre la puerta a un nuevo camino que no sé todavía si se hace al andar o como dijo Mauricio Wiesenthal, se anda camino al hacer. 


Feliz retorno.


Una película: Palm Springs (2020). Fresca, muy divertida y sin pretensiones. Lo que le pides a un verano perfecto.


Un olor: Neroni Portofino de Tom Ford. Lo más parecido a oler siempre a vacaciones en algún lugar del mar mediterráneo.


Una canción: Pipe dream de Guitarrica de la Fuente. Por lo que significó el momento en el que sonó en directo el 3 de julio en el Pueblo Español de Barcelona. El final de curso, el inicio del verano. Nuestra primera escapada como padres. 





jueves, 31 de julio de 2025

Out of office

 No empiezan las vacaciones hasta que no me tomo un tinto de verano bien frío. Servido en copa de balón, con su rodajita de limón y rebosante de hielo. De hecho podría decir que ese es el dress code del mes de agosto. Pies descalzos, bañador mojado siempre, una camisetilla arrugada y algo de beber en la mano. Desde hace un par de años le he añadido a este atrezzo un paquete de cigarrillos de vainilla. No soy fumador hasta agosto. Es una de tantas cosas que me gusta hacer sólo en esta época del año. También debería añadir hacer crucigramas, llevar algún complemento en la cabeza o atiborrarme a pipas en un banco.  

El otro día me enteré leyendo un reportaje de viajes que para los moken -una tribu nómada del archipiélago de Surin, Tailandia- la palabra "preocupación" no existe. De pronto me imaginé a toda esta gente viviendo su eterno verano, dejando que la cadencia de los días la marque el ritmo de las mareas. Poniendo el tiempo en pausa. Disfrutando de algo tan bonito y necesario como es el no hacer nada. Los romanos lo sabían y lo apodaron "il dolce far niente". En catalán hay un verbo que me encanta, badar, que significa algo así como "embobarse" y que representa a la perfección el deseo que tenemos muchos durante estos meses. 

Hace ya 3 años -justo después del verano de nuestra boda- que Carla y yo decidimos parar en agosto. Encontramos la fórmula para adoptar el verano como un estado de ánimo en el que no pueden faltar las largas siestas con el cri cri cri de las cigarras, la cerveza helada y el pitillo después de un baño en el mar, quedarse dormido leyendo una novelas de más de 500 páginas u observar en bucle cómo rompen las olas hasta que se moja la toalla. Este año entra una persona más en la ecuación. Con Camila estoy recuperando la sensación tan placentera de estrenarlo todo. Sentir que es la primera vez en cada cosa que hago. Un pequeño viaje en el tiempo a la infancia. Y este verano, de alguna manera, me emociona ponerme en la piel de mis padres cuando ellos con apenas 30 años recién cumplidos, nos paseaban a mi hermana y a mí por las calles de Biescas y las montañas del Pirineo. 

Mañana empiezan las vacaciones. Queda un mes enterito de verano, el 70 cumpleaños de mi padre, los atardeceres surfeando en Las Landas y la calmachicha mediterránea de Altafulla. Pero nada de lo que he nombrado en este post es comparable con el placer de activar en el mail el mensaje de "Estaré fuera de la oficina hasta el lunes 25 de agosto." 

Feliz verano.

martes, 17 de junio de 2025

Building memories

"Building memories". Tomo prestado este claim con el que mi prima Pilar brindaba este sábado por su 40 cumpleaños en una cala al sur de Ibiza y que casi termino tatuándome en la discoteca La Cova Santa. Memorias de un fin de semana que fue lo más parecido a un anuncio de Estrella de los de antes, donde la gente se emborrachaba, bailaba hasta las tantas y se quitaba la ropa en la orilla del mar. 

El pasado 14 de Junio mi querida prima decidió darle la vuelta al jamón y celebrar sus 40 tacos como el Gran Gatsby. Contrató un catamarán en Formentera, reservó una mesa para 20 en un restaurante de Ses Boques y nos metió en un reservado para bailar hasta que el cuerpo aguantase. Y ya lo creo que se aguantó. Se rió mucho, se bebió demasiado y se brindó todo el rato. Porque si de algo sabemos es de brindar. Por lo que fue, por lo que es y por lo que será. Abrir una botella en mi familia es motivo de celebración. Abrir la segunda es sinónimo de descontrol. Y este sábado había muchas pero que muchas ganas de descontrol. 

Desde Italia, Madrid, Zaragoza y Barcelona. Durante 3 días fuimos llegando en escala hasta encontrarnos el sábado a las tres de la tarde en Ses Boques. A algunos amigos de mi prima no los conocía, a otros no los veía desde hace más de 10 años y con otros que tenemos en común como Guille, no coincidía desde mi boda en 2022. Sólo hicieron falta 15 minutos para ponernos todos al día. El resto del tiempo fluyó entre brindis, anécdotas, bailes y abrazos. Mojar los pies en el agua y los labios en sangría hasta las 8 de la tarde. Comer pescado fresco a la brasa, saborear un arroz caldoso y probar las hierbas ibicencas una y otra vez. Bebernos la tarde en una sobremesa mientras el sol va apagándose en el horizonte al ritmo de palmas y carcajadas. Quitarte las alpargatas acartonadas, ponerte las gafas de sol sobre la cabeza, desabrocharte tres botones de la camisa y sentir que ya empieza el verano. Que a partir de ahora es siempre viernes hasta septiembre. Que por unas horas estás en una isla rodeado de amigos y familia dejando que el tiempo vaya escurriéndose entre copa y copa. Haciendo que todo parezca sencillo sin tener que fingir nada, porque si algo tiene el mar y el verano es ese filtro para naturalizarlo todo. No es el Hudson, ni el Tokio ni el Lo-Fi. Es un brillo especial que no se aprecia en las fotos ni en los vídeos, sólo en los recuerdos. 

Felicidades prima, te quiero.