lunes, 21 de septiembre de 2026

El de la vuelta del verano

 Escribo este post ya en septiembre pero con el aire acondicionado más alto que a principios de julio. El verano se acaba pero hay que decir una cosa: vaya veranito. Desde el año de selectividad no disfrutaba de 2 meses en estado completo de bienestar. O lo que es lo mismo, sin aspirar a hacer nada más que de disfrutar y relajarme.


Una viaje a Casafort con amigos fue más que suficiente para pasar el control de calidad del verano 2026. No hizo falta mucho, sólo unas brasas, una mesa corrida y una piscina abierta hasta el anochecer. El vino, las cervezas y los digestivos, fueron como siempre las patas de nuestras largas sobremesas donde no hay nada que solucionar, porque sólo juntándonos el mundo ya queda solucionado.


A principios de julio nos escapamos a Biescas para ver a Jose González en Pirineos Sur. El objetivo no era tanto la música como ponerse una sudadera en plena ola de calor y tomarse unas cuantas cañas con los Chichos mirando el panorama del Valle de Tena y planificando el viaje a Brasil para la boda de Goyo y Nanda. 


Unas semanas más tarde ganamos el Mundial. Ni los argentinos pudieron robarnos la ilusión. Vibramos y gritamos durante 100 minutos en la casa nueva de los Zabas, hasta que con Ferran Torres se desató la locura. No recuerdo nada de ese instante -por suerte está grabado en vídeo- pero hubo lágrimas, abrazos y champán. El primer mundial lloré con Iniesta, el segundo con Ferran. Quizás valga la pena ser culé, tendré que pensarlo.


Para pasar la resaca futbolera y exprimir al máximo el mes de julio  sin morir de un golpe de calor, organizamos unas cuantas barbacoas con piscina en formatos y menús muy variados. Por aquí pasaron Cucho, Maeba, Marta, Laura, Pere, Blanca, Zaba, Frodo, Dani, Natalia, Diego y Mónica, Pedro y Carmela, Toni… un mes en el que el único atuendo indispensable fue el bañador y la toalla. Lo demás estaba en la nevera. 


El 29 de julio celebramos nuestro cuarto aniversario en el Parador de Aiguablava. Fue la primera vez que nos íbamos solos una noche desde que nació Camila. Esa mañana como cada aniversario, sonó en mi playlist Holy Mountain de Noel Gallagher, -la canción con la que entramos saltando al banquete- y empezaron a pasar por mi cabeza todos los fotogramas de aquel momento. Mi familia, mis amigos y mi mujer. Cada año le vuelvo a contar a Carla la misma historia pero brindamos por motivos distintos. Este año tocaba con un alvariño y una paella en el Toc al mar para después echarnos una siesta de las que le haces daño a la cama.


Con mis suegros estuvimos un año más en Altafulla en la semana del eclipse y recordando como cada verano que miro a ese castillo, que inevitablemente el tiempo pasa demasiado rápido. 


Pero el plato estrella del verano llegaba el 1 de agosto a bordo de un crucero por el mediterráneo que salía de Venecia y pasaba por Bari, Corfu, Zakintos, Cefalonia, Dubrovnik y Split. Mi madre cumplirá 70 años en mayo y decidió que para las celebraciones no hay tiempo de descuento, así que nos invitó a todos a vivir una semana en el costa deliziosa, un barco con 3000 pasajeros y 900 tripulantes que en el desayuno en su hora punta parecía el Corte Inglés en rebajas. Es cierto que para los que hemos visto The White Lotus, este tipo de vacaciones son vitamina para el cerebro. Nos integramos al 100% en la vida a bordo tanto de día como de noche. Nos quedamos fritos en el spa con un masaje de 90 minutos , ganamos 100 euros en el casino y lo perdimos en 20 minutos a la ruleta. Nos vestimos de blanco en la noche de blanco, mi padre se unió a una conga mientras sonaba la Tarantela, probamos casi todos los cocteles de la carta pero adoptamos el Spritz Aperol como bebida de confianza para recuperarnos del calor. Hicimos turismo de sombra en cada una de las ciudades. Comimos pasta en todas sus versiones, formas y colores. Subimos a una góndola para comprobar que Venecia sigue siendo única a pesar del calor y los turistas. Pagamos 40 euros por dos botellines de agua y 10 minutos de aire acondicionado en un café de la plaza san Marcos. Hemos disfrutado y nos hemos reido mucho de nosotros mismos -fundamental para la vida que viene- 

Nos hemos ido corriendo de una visita guiada en Split buscando un refugio climático que sirvieran cerveza fresca y hemos aprendido que el regateo y la negociación siguen estando en el ADN mediterráneo a pesar de google maps y amazon. 

Hoy, 16 de septiembre, miro el final del verano con la misma sensación que cuando era un niño. La lucha para que el moreno no desaparezca, los días no acorten y las historias no se acaben. Porque como escribió David Gistau y con toda la razón; a la vida hemos venido a veranear.