martes, 3 de febrero de 2026

For the good times

Escribo este post para cuando vengan a buscarme los recuerdos de mis últimos 5 años en el piso de Calle Mallorca con Enrique Granados. Un lugar en el que caímos por casualidad y que hicimos nuestro desde el primer día. Entre estas paredes he vivido lo mejor y lo peor de mi vida. Días de mucha luz y noches de mucha oscuridad. Casi 60 meses que me dejan cicatrices imborrables para el resto de mi vida. Decía Mauricio Wiesenthal que la juventud es conquistar lo nuevo, la madurez alargar lo bueno y la vejez recordar todo lo anterior. Hoy me siento un poco de todo. Bastante joven por la etapa que viene, madurito por el tiempo que voy a disfrutarla y algo más viejo por los recuerdos que acumulo. Aquí van algunos de ellos:
 
Los primeros destellos de libertad después de la pandemia, cuando se terminó el toque de queda, se abrió el confinamiento perimetral y se bajaron las mascarillas para confirmar que efectivamente, de cerca nadie es normal.
 
Entre 2021 y 2022 viví la mejor época de mi empresa desde que la fundé, operando como una agencia global pero desde un despachito local. Siempre podré contar que tuve un cliente en Nueva York, aunque apenas durase 7 meses.
 
Durante un año comí con Cucho cada martes en mi casa. Aunque solo fuera una hora y con un tupper precocinado, esa comida semanal nos servía para confirmar que estábamos en el lado correcto de la vida.  
 
Los viernes de teletrabajo cuando Goyete y Monri venían a visitarnos. Abrir el fin de semana con vino y cerrarlo con gintonic, empezar la noche en la azotea de un hotel y acabarla en un coche rumbo a la Costa Brava. Saber que al menos hay un par de findes al año en los que brindamos pensando “qué bien tienen que estar los que estén mejor que nosotros”.
 
El día en el que decidí que tenía que ser profesor y el día que me dijeron que tenía la primera entrevista casi un año después. Me contrataron como profesor de FOL 6 horas a la semana y sonaba “Beast of Burden” de los Stones en mi playlist de vuelta a casa en el H10.
 
El año 2023. De principio a fin. El accidente, los funerales, los viajes eternos a Zaragoza, las cajas de orfidales y el pánico repentino a meterme en espacios cerrados. El año en el que el miedo empezó a formar parte de nuestras vidas. Lo fuerte que me hice en el dolor y lo débil que me he hecho en el placer.
 
La doble emboscada que me hicieron para mi despedida de soltero y la experiencia cercana a la muerte que tuve cuando vi aterrizar a Cucho y a Frodo en mi sofá mientras dormía plácidamente con el Roland Garrós como ruido de fondo.
 
La tarde de octubre que fui a comprar el anillo de compromiso para Carla y cómo volví a casa corriendo por Paseo de Gracia como si llevase un arma de destrucción masiva en la bolsa.
 
Los meses con Laura y Parri como compañeras de piso cuando volvimos de Tanzania. Las visitas de mis amigos, mi familia y toda la gente que ha construido gran parte de nuestros recuerdos en esta casa.
 
El día que supimos que Carla estaba embarazada, los nueve meses de ilusión compartida y la madrugada de aquel 15 de diciembre cuando cerramos la puerta de casa sabiendo que volveríamos a abrirla siendo un miembro más en la familia.
 
Feliz Martes
 
 

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