lunes, 18 de mayo de 2026

El verano y la casera

En mi mente ya es verano y por eso este domingo cuando volvíamos de Quironsalud por la nacional II, paré en un super 24h para comprar una botella de La Casera, una bolsa de hielos y un limón tamaño XL. 

El jueves es el último día de clase oficial y aunque el mes de junio está repleto de recuperaciones, juntas de evaluación y preparativos para el curso que viene, el día a día a partir de la semana que viene pinta bastante summer vibe

A parte de hacer hueco en la librería para las novelas de verano, las tareas de la nueva casa me tienen más que ocupado. Con un poco de ayuda de amigos y chatGPT nos lanzamos a montar un jardín con buganvillas, ficus, jazmines andaluces y agapantus -no tenía ni idea de lo que era hasta que lo plantaron-. Lo que en un principio fue un “voy a poner algo verde para tapar el muro de cemento” se ha ido convirtiendo en un tapiz de florecillas que hay que cuidar a diario. Además, desde que tuvimos la visita de nuestros valencianos de confianza Laura y Carlos, he adquirido la rutina de bajar cada día al mar a darme un chombito después de dejar a Camila en la guarde. La idea es adoptar la filosofía Marcos Llorente y empezar a trabajar ese “callo solar” de 45 minutos diarios sin protección para evitar llegar al mes de agosto como un gusiluz. 

Otro upgrade que llegó después de la primera junta de vecinos fue la tan esperada barbacoa. El regalo de los 40 de mis padres y mi hermana que ha logrado que sólo quiera que llegue el fin de semana para sentirme Toni Soprano cocinando salchichas y hamburguesas a la parrilla con una Budweisser en una mano y un Cohiba en la otra. Durante estos 3 meses nos hemos ido adaptando sin esfuerzo a la vida pausada de un pequeño municipio de costa que vive mirando al mar, y eso se nota. Partidos de fútbol en la arena, voley-playa improvisado, surfing de tablón, escuela de vela y chiringuitos con tardeo.

Me he acostumbrado a ir andando a todos los sitios que puedo, a comprar en el mercado sin prisas y a pagar un precio razonable por un café que no sea de especialidad y una tostada que no sea de aguacate. Me he desprendido de muchos toppings que en el centro de la ciudad vienen de serie. He vuelto a improvisar, a moverme por instinto y a escuchar ese ritmo interno que siempre he tenido y que en los últimos años había estado algo apagado. Estoy disfrutando de cosas muy sencillas como cocinar con vino, caminar descalzo por la playa o tomarme una cerveza al sol con unas bravas. He cambiado 3 veces de colonia, de mayor a menor intensidad -reflejo clarísimo de mis inquietudes- llegando a la mínima que es el agua de colonia de Camila. También he abandonado las noticias en cualquiera de sus formatos salvo uno, el de mi padre, que es la persona que más horas dedica a estar sobreinformado. He vuelto a ver a grandes amigos que han venido a visitarnos y he organizado la gran velada el 12 de junio en Casafort, esta vez en categoría single masculino. 18 amigos con 3 largos días por delante para emborracharnos de felicidad, seguir construyendo recuerdos y confirmar que efectivamente, como dijo el gran David Gistau; a la vida hemos venido a veranear.

Feliz lunes.