viernes, 31 de enero de 2025

El de Nueva York

 Nueva York es un sitio al que volvería una vez al año si pudiera. Una ciudad que me parece frenética y apasionante a partes iguales. Cada vez que alguien conocido viaja a Nueva York sufro una envidia sana incontrolable. Vuelvo a recordar aquella navidad de 2017 cuando fuimos Carla y yo a visitar a Karolos y Rachel -todavía solteros en un apartamento de Brooklyn- el olor de sus calles, el ruido del tráfico y el latido que marca el ritmo de la que para mí es la mejor ciudad del mundo. 

No sé muy bien por qué -según mi madre es porque me encantaba el baloncesto- pero a los 8 años me obsesioné con esta ciudad. Empecé a coleccionar postales que pedía a todo el mundo que iba, recortaba fotografías de las revistas, grababa documentales en cintas VHS, compraba camisetas de la NBA, banderitas y hasta chantajeaba a mi madre para comprar Marshmallows durante la semana americana de El Corte Inglés. Con Carla tengo la broma de que en mi anterior vida fui yankee. He leído libros y revistas de la ciudad, me he suscrito a magazines y me es absolutamente imposible resistirme a una película en cuya sinopsis aparezca la palabra NYC por muy mala puntuación que tenga en filmaffinity. 

Me encanta engañarme a mí mismo pensando que alguna vez en mi vida viviré una época allí. Un mes, un verano, lo que dé de sí el visado de turista. El tiempo justo para sentirme un poco neoyorkino y no un viajero de pasada. Lo necesario para como decía F. Scott Fitzgerald, confluir con la ciudad y arrastrarla detrás al atravesar cada portal. 

Alquilaría un apartamento en el Village -posiblemente en Tribeca-, me perdería en la noche del Soho y caminaría cada día por el Lower East Side hasta Little Italy. Me atiborraría a cafés, visitaría con calma el Whitney, pondría el foco en pequeños sitios aislados imaginándome historias ficticias de misterios y sucesos y me quedaría mirando las calles como si fueran fotogramas de una de tantas películas. Además, iría al Madison a ver a los Knicks que tantas madrugadas estoy viendo por la tele y me comería después un perrito picante en el Nathan’s o un sandwich de pollo frito en el Chiky

Cada año cuando se acerca la primavera, abro inevitablemente google para mirar el precio de los vuelos y los hoteles fantaseando con ir una temporada en verano. El año pasado llegué incluso a ponerme en contacto con una conocida de Karolos que buscaba un intercambio de casas Nueva York- Barcelona para 3 semanas y que finalmente se echó atrás porque buscaba un sitio más cercano al mar. Ahora es invierno, todavía faltan 3 meses para la primavera y el runrún de Nueva York se ha activado antes de hora por culpa de mi amiga Clara, que está allí ahora mismo viviendo su pequeña gran historia neoyorkina. 

Sufro envidia sana, abro booking en mi pestaña de favoritos y miro apartamentos y hoteles para 3 personas en agosto. Nueva York. Carla, Camila y yo. A la vida poco más.

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